Ir al contenido principal

Epistaxis

 

Epistaxis, Congestión Nasal y Rinorrea

Podcast



Videos




Infografía



Resumen

1. Introducción al Manejo de Trastornos Otorrinolaringológicos Comunes


Los trastornos nasales representan uno de los desafíos diagnósticos y terapéuticos más frecuentes en la práctica médica, abarcando desde cuadros banales de resolución espontánea en atención primaria hasta emergencias hemorrágicas que comprometen la vida en los servicios de urgencias. La epistaxis, definida como la hemorragia de origen nasal, puede variar desde un hilo de sangre autolimitado hasta un flujo masivo e incoercible. Por su parte, la congestión nasal (obstrucción) y la rinorrea (secreción) suelen coexistir como manifestaciones de procesos inflamatorios o infecciosos del tracto respiratorio superior. La comprensión de la dinámica etiológica y la anatomía vascular subyacente es fundamental para transitar de la sospecha clínica a la intervención definitiva, especialmente en casos donde la hemorragia requiere estabilización hemodinámica.


2. Fisiopatología y Clasificación de la Epistaxis


Para establecer un pronóstico y un plan de manejo adecuado, el clínico debe identificar con precisión el origen vascular del sangrado. La anatomía nasal presenta dos zonas críticas con implicaciones clínicas divergentes:

  • Epistaxis Anterior: Constituye la inmensa mayoría de los casos. El origen suele ser el plexo de Kiesselbach, una red anastomótica situada en el tabique anteroinferior. Dada su ubicación superficial y accesibilidad, estas hemorragias suelen ser más fáciles de visualizar y controlar mediante compresión o cauterización directa.
  • Epistaxis Posterior: Es menos frecuente pero de mayor gravedad. El sangrado se origina en el tabique posterior, sobre el hueso vómer, o lateralmente en los cornetes inferior o medio. Generalmente ocurre en pacientes con arterioesclerosis preexistente, coagulopatías o antecedentes de cirugía nasal. Su complejidad técnica es elevada, requiriendo a menudo hospitalización y métodos invasivos de control.

La ruptura de estos vasos no suele ser idiopática, por lo que es esencial evaluar los factores desencadenantes y sistémicos involucrados.


3. Análisis Etiológico de la Hemorragia Nasal


Un diagnóstico diferencial riguroso es la herramienta principal para evitar recurrencias y complicaciones sistémicas. Las causas de la epistaxis se clasifican según su frecuencia y mecanismo fisiopatológico:

  • Causas Frecuentes:
    • Traumatismo local: Es el factor principal, incluyendo el hurgado nasal, sonarse con fuerza o impactos no penetrantes.
    • Sequedad de la mucosa: Frecuente en climas fríos o ambientes con baja humedad, lo que fragiliza el epitelio.
  • Causas Menos Frecuentes:
    • Trastornos Vasculares y Sistémicos: Arteriosclerosis (especialmente en ancianos), coagulopatías (trombocitopenia, hepatopatías, infección por VIH) y el Síndrome de Osler-Weber-Rendu (telangiectasia hemorrágica hereditaria).
    • Factores Locales: Infecciones (vestibulitis, rinitis), perforación del tabique (por cirugía o consumo de cocaína) y cuerpos extraños (típicamente en pediatría, asociados a secreción maloliente).
    • Neoplasias: Tumores benignos o malignos de la nasofaringe o senos paranasales, que pueden presentarse como masas o protrusiones.

Cabe destacar que, si bien la hipertensión arterial rara vez es la causa única que inicia el sangrado, actúa como un factor crítico en la persistencia de la hemorragia una vez instaurada. Asimismo, el uso de fármacos antiagregantes (aspirina, clopidogrel) o anticoagulantes (warfarina, heparina) intensifica la gravedad del cuadro y dificulta el tratamiento local.


4. Protocolo de Evaluación de la Epistaxis

El examen físico debe ser sistemático, priorizando la seguridad del paciente. En casos de sangrado activo masivo, la evaluación y el tratamiento deben realizarse simultáneamente para prevenir el shock.


Anamnesis y Exploración

La anamnesis debe identificar el lado de inicio, duración y posibles desencadenantes. El examen físico requiere el uso de un espéculo nasal y una fuente de luz clara (lámpara o espejo cefálico). Es imperativo buscar signos sistémicos de trastornos hemorrágicos como petequias o púrpura. Si el foco no es visible tras dos episodios menores o ante una hemorragia recurrente intensa, se debe proceder con una endoscopia con fibra óptica.

  • Hipovolemia o shock: Hipotensión y taquicardia que exigen reanimación inmediata con volumen.
  • Uso de anticoagulantes: Aumenta el riesgo de hemorragia refractaria.
  • Hemorragia incoercible: Sangrado que no cede tras compresión directa o uso de vasoconstrictores.
  • Signos cutáneos de coagulopatía: Petequias o hematomas espontáneos.
  • Recurrencias múltiples: Especialmente si no existe un desencadenante mecánico claro.


5. Estrategias de Tratamiento para la Epistaxis

El manejo sigue una escala de intervenciones basada en la ubicación y severidad del sangrado.

Epistaxis Anterior



Pinza nasal improvisada con bajalenguas para tratar la epistaxis

Se pueden unir cuatro bajalenguas para formar una pinza nasal improvisada que comprima las alas nasales. Esta presión externa puede comprimir el plexo vascular en la región inferoanterior del tabique para tratar la epistaxis anterior.

Copyright © 2023 Merck & Co., Inc., Rahway, NJ, USA and its affiliates. All rights reserved. 



La primera línea es la presión manual de las aletas nasales durante 10 minutos con el paciente sentado. Si falla, se aplican vasoconstrictores y anestésicos locales. La cauterización (química con nitrato de plata o eléctrica) es efectiva, pero requiere un campo visual claro y libre de sangre para ser precisa. Si persiste, se emplea el taponamiento con espumas expandibles o balones. El taponamiento con gasa de vaselina se reserva como último recurso por ser doloroso y requerir hospitalización.

Epistaxis Posterior


Debido a la dificultad de acceso, estas hemorragias suelen requerir hospitalización. Se utilizan balones nasales comerciales o taponamiento posterior con gasa (procedimiento que suele exigir sedación y analgesia IV). Si el sangrado es refractario, se opta por la ligadura arterial endoscópica (arteria maxilar interna o esfenopalatina) o la embolización angiográfica selectiva.


6. Congestión Nasal y Rinorrea: Dinámica Etiológica


La congestión y la rinorrea son síntomas prevalentes cuya causa más común es la infección viral o la rinitis alérgica. Sin embargo, la cronicidad suele ocultar etiologías como la sinusitis aguda, la rinitis vasomotora o la rinitis atrófica.

Rinitis Medicamentosa: La Trampa Diagnóstica Un aspecto crítico es el riesgo del uso excesivo de descongestivos tópicos por más de 3 a 5 días. Esto genera un círculo vicioso de congestión de rebote; el paciente interpreta el síntoma como una persistencia de su enfermedad original cuando en realidad es una consecuencia iatrogénica del tratamiento. Esta condición suele ser mal diagnosticada si no se indaga específicamente en el historial de automedicación.


7. Evaluación Clínica de Síntomas Obstructivos y Secreción

La semiología de la secreción nasal orienta el diagnóstico diferencial de manera precisa:

  • Características: La secreción acuosa y estornudos sugieren alergia; la mucopurulenta unilateral, sinusitis aguda; y la purulenta maloliente en niños, un cuerpo extraño.
  • Sospecha de Fístula de LCR: Una secreción acuosa unilateral clara, especialmente tras un traumatismo craneal, debe evaluarse con una muestra para detectar beta-2 transferrina, marcador altamente específico de líquido cefalorraquídeo.
  • Perfil Demográfico Específico: La pérdida espontánea de LCR puede ocurrir en mujeres obesas en su quinta década de vida, secundaria a una hipertensión intracraneal idiopática.


Signos de Alarma Específicos:
Secreción unilateral purulenta o sanguinolenta y dolor facial focal espontáneo o a la palpación (indicativo de sinusitis bacteriana o neoplasia).


8. Abordaje Terapéutico y Farmacológico


El equilibrio entre el alivio sintomático y el tratamiento etiológico es la clave del éxito terapéutico.

  • Cuadros Virales y Alérgicos: Se recomienda la humidificación y lavados con solución salina (la hipertónica reduce el edema por ósmosis). Se prefieren los antihistamínicos de segunda generación (cetirizina, fexofenadina) por su mejor perfil de seguridad.
  • Propiedades Anticolinérgicas: Los antihistamínicos de primera generación (difenhidramina) se utilizan a veces específicamente por sus efectos anticolinérgicos, no solo por su bloqueo H1, aunque conllevan mayor riesgo de sedación.
  • Cuadros Inflamatorios: Los corticosteroides nasales (fluticasona) son la terapia de elección para rinitis alérgica y pólipos nasales.
  • Restricciones: Evitar descongestivos orales o tópicos a largo plazo por riesgos cardíacos e hipertensivos. No usar antihistamínicos en menores de 2 años ni descongestivos en menores de 6 años.


9. Consideraciones Especiales y Conceptos Clave


Geratría: Un Enfoque de Seguridad

En adultos mayores, los antihistamínicos de primera generación deben evitarse o usarse en dosis mínimas debido a sus efectos anticolinérgicos y sedantes, que aumentan el riesgo de caídas, confusión y retención urinaria. Además de la sedación, en estos pacientes pueden ocurrir efectos paradójicos como nerviosismo, agitación y confusión marcada.

Conceptos Clave para la Excelencia Clínica


  • Manejo de Epistaxis: La mayoría cede con presión directa; siempre indagar sobre el uso de AINE y anticoagulantes.
  • Intervención en Epistaxis Anterior: La cauterización con nitrato de plata requiere una mucosa limpia y visualización directa del punto sangrante.
  • Etiología Pediátrica: Ante una secreción unilateral maloliente en un niño, la sospecha de cuerpo extraño es obligatoria; es un diagnóstico que "no se debe perder".
  • Rinitis Medicamentosa: Evaluar siempre si la congestión crónica es secundaria al uso prolongado de aerosoles descongestivos.

Comencemos

Para fines estadísticos, la aplicación solicitará tu ubicación (opcional).

Comentarios

Entradas populares de este blog

Deshidratación

 

Historia clínica

Enfermedades diarreicas